Los años pasan, inevitablemente. El Mono fue creciendo y Joserra se dio cuenta de que era el momento de que empezara en el jardín de infancia. Así que le apuntamos al "Jardín de Infancia, Escuela de Sirenos", uno de los mejores de la ciudad. Donde aprendería a comer mucha plastilina y a dejar de ser zurdo.
Una semana antes fuimos a comprarle las cosas necesarias. Fuimos Joserra, Borja's y yo, claro, quiénes íbamos a ir si no. Necesitaba un baby de cuadritos, una bolsa para el bocata y calcetines, así que en media hora teníamos el tema terminado. Al llegar a casa pasó lo que siempre pasa, Borja's empezó a protestar porque tenía que bordarle el nombre, "El Mono", en todas las cosas que acabábamos de comprar. Borja's ha tenido de toda la vida ese carácter de señora pelma que protesta por todo pero que al final hace las cosas, así que Joserra y yo nos pusimos a jugar al parchís mientras tanto.
Otro de los dilemas era el de la alimentación, porque nosotros siempre la habíamos dado potitos, y a a partir de ahora había que hacerle bocatas, además de la plastilina y de la comida para peces que siempre dan el "Jardín de Infancia, Escuela de Sirenos".
Aquella mañana temprano, tempranísimo, sonó el despertador y nos pusimos en marcha sin límites. Vestimos al Mono con ropa de niño pequeño y su baby de cuadritos, Joserra le hizo un bocata de patatas fritas, Borja's otro de aceitunas y yo un de chocolate, para ir probando qué le podía gustar más. Y sin más salimos los cuatro a la calle muy repeinados.
Fuimos hasta la parada de autobús pero como tardaba mucho hicimos el camino andando, cantando y saltando obstáculos. Nada más llegar a la puerta de la guardería sucedió algo que era bastante de esperar; Joserra se puso a llorar:
- ¡¡¡Es que me da mucha pena que se quede aquí solito, nunca me he separado de él ni un minuto!!!- decía entre lagrimones.
Un drama porque todos los padres y abuelos que había allí también se pusieron a llorar y no por dejar a sus niños, si no por ver al pobre Joserra tan triste. Así que la profe, que era una sirena muy experimentada nos propuso pasar el día allí.
- No me apetece. - Protestaba Borja's. -Tengo mucho que planchar.-
- Que te calles. - Dije yo. Y se acabó la conversación.
Nos sentamos en la mesa verde que era la de los niños que aún van en sillita y es un poco más grande que las blancas. Al final se nos pasó la mañana dibujando, Borja's que siempre ha sido un gran dibujante, casi mejor que cocinar, nos dibujó a Joserra y a mí:
A la hora de del recreo todos teníamos bastante hambre pero el Mono agarraba su bolsita con los bocatas como si tuviera la fuerza de David el Gnomo. Hasta que Joserra y Borja's no hicieron un perrito caliente realista de plastilina no la soltó. Yo no hice nada porque me da mucho asco y no lo quise disimular.
Nos sentamos en el suelo y para cuando habíamos terminado de comer se había hecho un círculo de niños con rizos que estaban jugando a la zapatilla por detrás tristrás, cosa que nos pareció un planazo y nos unimos sin dudarlo. Después tocó corro de la patata, el escondite, la gallinita ciega, la rayuela, carreras de sacos, las canicas, las sillas musicales, las carretillas, churro media-manga manga-entera, el calienta manos, bomba y el aserejé. Total que luego pasó lo que era de esperar, en la siesta no se durmió un solo niño, pero Joserra, Borja's y yo roncando y todo.
Por la tarde estuvimos viendo los Pitufos y ya llegó la hora de volver a casa. Así que decidimos comprar tres babys, tres bolsitas más y mogollón de calcetines y apuntarnos nosotros también al jardín de infancia. Joserra no volvió a llorar y estuvimos unos años durmiendo las mejores siestas de nuestra vida.

